Historias de algunas (y algunos) valientes

“Mrs Soffel” o el beso inolvidable

Estos días Diane Keaton está de estreno. Llega a las pantallas Una cita en el parque. Pero no, no quiero hablar de esta película, sino de otra que la actriz protagonizó en 1984 y que tuvo muy poca repercusión. Se llama Mrs Soffel, y Keaton la recuerda tanto que no deja de mencionarla siempre que tiene ocasión. ¿Y por qué le resulta inolvidable esa película a la actriz de Annie Hall? Muy sencillo: porque en ella se marcó un beso con Mel Gibson que no se lo salta un gitano (siento la incorrección política, pero es la mejor expresión que me viene a la cabeza).

Mrs Soffel la dirigió Gillian Armstrong, la misma de Fuegos internos o de Un extraño amor. Está basada en una historia real que ocurrió en 1901, cuando una sencilla mujer (Keaton), esposa del alcaide de la prisión local, se enamora de uno de los reclusos. Ella ha ido por allí hablando de la biblia y ofreciendo compasión, pero no cuenta con el intenso amor que despertará en ella Ed Biddle (Gibson), que cumple condena junto a su hermano Jack. No sabemos cómo era Ed en la realidad, pero lo cierto es que ambos vivieron un amor salvaje, de esos en los que la razón no se sabe dónde se va, y que ella lo ayudó a escapar, dejando atrás esposo, hijos y una vida respetable. Si alguien piensa que ese amor era interesado por parte de él, se equivoca: cuando estuvieron en libertad, vivieron sus momentos de amor más tiernos y apasionados. Dadas las circunstancias, lo que menos les preocupaba a ambos era los años que se llevaban. Había otros abismos entre ellos.

A lo que íbamos. Keaton, que es famosa por su sentido del humor, va diciendo por ahí en las entrevistas que, de todos los besos que ha dado en el cine, el de Mel Gibson en Mrs Soffel es el que más recuerda: “Yo tenía como 40 y él, 26 o así. Un subidón. Era muy guapo”, dijo recientemente. Hace unos años se explayó más y reconoció que, después de la escena del beso a través de las rejas, el más emocionante de la película (pero ni mucho menos el único), al volver al hotel tras el rodaje no dejaba de recordarlo y de sentir que se había enamorado del australiano.

No sabemos qué pensará de esto Keanu Reeves, quien también se marcaba un buen ósculo con Keaton en Cuando menos te lo esperas y era bien guapo y bien joven. Tampoco Woody Allen o Al Pacino, dos de los hombres con los que Diane tuvo una larga relación en la pantalla y en la vida real, y que seguro creyeron en su día que la actriz era de las que siempre prima la inteligencia sobre la belleza. Pero la memoria no atiende a la lógica. Del mismo modo que a ella le falla a la hora de precisar la diferencia de edad que le separa de Gibson (en realidad sólo son 10 años), le “falla” al olvidar besos como los de Warren Beatty, que además fue otro de sus grandes amores. Claro que quizá no sea un fallo de la memoria, sino una forma de selección natural. Y mejor no sigo, no vaya a ser que vengan Allen y Pacino y se me depriman.

Créditos: solarmoviez.to (portada),  pinartarhany.wordpress.com  y tristanrobin.blogspot.com.es

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Lola Ce
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