Historias de algunas (y algunos) valientes

Mi chico y yo leyendo juntos unas revistas de moda

Mi exmarido se hubiera muerto antes de confesar que a veces le echaba un ojo a las revistas de moda que traigo a casa. Mi chico, en cambio, las lee conmigo por la noche, que no todo es el Fotogramas o la última novela de Javier Marías. Le cuento, le explico quién es Cara Delevingne o por qué Olivia Palermo es un icono de moda. ¿Y esa del culo gordo quién es? -Exclama asombrado mientras se detiene ante una foto de Kim Kardashian-. Dirás que de quién es obra -contesto maliciosamente-. No creerás que nació con eso.

¿Pero por qué se lo ha puesto?, ¿Por qué? Sigue preguntando mientras mira, ojiplático, la foto que viene en el Cosmopolitan, y dice:
-Es como en el poema que estudiábamos en el colegio?
-¿Cuál? ¿Érase un hombre a una nariz pegado?
-Ese, el de Quevedo. Érase una mujer a un culo pegado.
Me encanta el simil. Es digno de la lengua más afilada. Pero las razones de Kim, me temo, tienen más que ver con un conocido refrán: “caballo grande, ande o no ande…”
-Joer, y tan grande. ¿Y esto? -Dice mientras pasa la página.
-Es una cosa que hace mucho esta revista. Artículos en plan “Cinco posturas que te harán tocar el cielo con tu chico” y cosas así.
-¿Síii? ¿ Y por qué no me lo has dicho antes?- Exclama con un entusiasmo que me hace temer lo peor. Me coge la revista de las manos y lee, como si fuera la primera vez en su vida que viera algo así:
-“Diez posturas del Kamasutra para practicar en escaleras”
-Ya sabes -respondo-. Lo de siempre.
-¿Lo de siempre? ¿Qué dices? ¡Mira!

Y aquí estamos –estoy- bendiciendo el día que se me ocurrió alquilar un pisito modo dúplex (con escaleras entre el salón y el dormitorio, para entendernos), porque así podemos “jugar al Cosmopolitan” sin temor a ser sorprendidas por los vecinos.
-Cariño, ¿no te parece que ya es un poco tarde para esto? Le digo recordando nuestro apasionado encuentro de hace un rato.
¿Qué dices?, ¿Quién piensa en madrugar ahora? Mira, ponte así, de costado, mientras yo…
Entonces, sin poderlo evitar, mi cuerpo se rebela y suelto un profundo alarido.
-Ayyyyy.
-¿Qué pasa? -Dice asustado mientras pega un brinco-. Yo no he hecho nada.
-Ay, qué tirón. Ay, que no me puedo mover
-¿Un tirón? Si ni siquiera habíamos empezado.
-Luego te cuento, amor. Pero ahora tráeme el réflex, please- le digo casi sin aire. Lo mío nunca fue el contorsionismo.

http://estaticos.cosmohispano.com/pictures/gpsUserPhotoPicture/gpsUserPhotoGalleryCosmo/18/42/02/fotos-zig-zag___186-gal_1238570245-24218.jpg – Portada

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Lola Ce
Lola Ce

4 Comemtarios

  1. Jajajajajaja, la Cosmo da siempre para mucho, aunque yo reconozco que los encuentros sexuales en sitios en los que pueda salir a relucir cualquiera de mis contracturas han pasado a mejor vida. O eso creo!
    Un besote!

  2. Yo sé de muchos hombres que leen revistas femeninas o de cotilleo a escondidas… Les encanta aunque nunca lo reconocerán…

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