Historias de algunas (y algunos) valientes

“La primavera romana de la señora Stone”, la obra menos conocida de Tennessee Williams

Menos famosa que otras de Tennessee Williams, esta obra llevada al cine por José Quintero en 1961 tiene de protagonistas a una madura y bellísima Vivien Leigh (aquí, de viuda ociosa y rica) y a un Warren Beatty que nos hace entender, por fin, qué le veían tantas como cayeron en sus brazos durante su larga soltería (nunca fue para tanto, ¿no?, a menos que tuviera otras virtudes).

El caso es que la señora Stone se aburre en su casoplón romano con vistas y de pronto aparece en su vida el joven Beatty, guapo y esplendoroso, recién venido del rodaje de Esplendor en la hierba pero ocioso, muy ocioso, en la ficción. Al principio ella se resiste, pero poco a poco llega a creer que tiene posibilidades (yo también lo creería si fuera Vivien Leigh, por muy mayor que fuera, qué queréis) y cuando más enganchada está, ¡plaf! la realidad viene a despertarla en forma de chica guapa con 20 años menos. La película habría merecido más éxito, pero la industria del cine no estaba preparada para ciertos temas tabú, como el de los gigolós, y en su momento la dejó pasar.

Cuentan varios libros que la Leigh no se cruzó una palabra con Jill St. John, su joven rival en el filme, durante todo el rodaje (por cierto que Jill sería, con el tiempo, la nueva pareja de Robert Wagner, entonces marido de Natalie Wood). También que estaba pasando una crisis, pese a vivir con su nuevo compañero, el actor John Merivale, tras 20 años casada con Laurence Olivier. Afortunadamente dijo sí al rodaje y nos dejó para siempre su figura y su clase –ay, esos diseños exclusivos de Balmain para la película- y una interpretación compleja, apoyada en pequeños gestos y miradas, que sería una de sus últimas apariciones en la gran pantalla.

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Lola Ce
Lola Ce

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