Historias de algunas (y algunos) valientes

“La carne”: a las mujeres de 60 también les gustan jóvenes (y viceversa)

No es la primera vez que Rosa Montero habla en una novela de mujeres con amantes más jóvenes (lo hizo, por ejemplo, en La hija del caníbal), no digamos ya en libros como Pasiones (donde, por cierto, dedicó un capítulo a John Lennon y Yoko Ono) o artículos, como el magnífico Elogio del amante joven. Pero sí la primera en la que ese es el meollo de la trama. Soledad, la protagonista, es una mujer de 60 años que contrata a un escort de 32 para dar celos a su ex. No pretende tener nada con él, pero la carne, esa que a veces nos aprisiona y otra nos hace inmortales (Montero dixit) entra rápidamente en escena y…

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La historia, que atrapa con su suspense, está llena de reflexiones sobre la edad, sobre el tiempo que queda (¿y si no volvía a tener un amante? ¿Y si moría sin conocer de verdad el amor?). También sobre la naturalidad con que la sociedad acepta a las parejas desiguales en edad, siempre que la menor sea la chica: “En realidad también había mucha atracción entre mujeres mayores y hombres más jóvenes, Soledad lo sabía bien; pero la mayoría de los varones se sentían incómodos ocupando públicamente ese lugar, temían ser vistos como unos anormales o unos oportunistas, y por lo general sólo daban rienda suelta a su deseo si era adúltero, si era clandestino. Sin riesgo de ser vistos”. Recuerdo ahora cuando David Trueba contaba algo parecido desde el otro lado en Blitz (el prota chico tenía una historia con una mujer bastante mayor que él). Pero sobre todo recuerdo un encuentro reciente en El País Live, en el que la periodista Maite Nieto y la propia Rosa Montero hablaron sobre el tema. Pues bien: Montero hubo de explicar, por enésima vez, que estas historias han existido siempre, y puso como ejemplo una por la que parece tener especial querencia: la de la reina Victoria de Inglaterra y John Brown. Lo que más me molestó fue que alguien, un hombre, dijo que esas relaciones no se daban de verdad, que si Soledad las tenía en la novela era porque contrataba a un gigoló (me irritó por eso y porque demostró no haber leído la novela, o no haberse enterado de nada, ya que ésta precisamente empieza hablando de la historia que Soledad había tenido con Mario, un hombre también más joven).

 

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Aunque solo fuera por eso, porque la cerrazón precisa de muchas obras y de muchos frentes para disolverse, ya merecería la pena que exista esta novela. Pero es que además se lee apasionadamente: página tras página, a un@ le cuesta lidiar con las ganas de saber qué pasa, y además tiene momentos impagables que no mencionaré, porque así lo pide expresamente la autora. Hay otras razones por las que merece la pena: ha dado pie a comentarios como el del hombre del coloquio, sí. Y a respuestas (y sonrisas) como las que le dedicaron periodista y escritora.

 

Créditos fotos: Igor Madjinca, Fox, Alfaguara.

 

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Lola Ce
Lola Ce

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