Historias de algunas (y algunos) valientes

Isabel I de Inglaterra y el II conde de Essex, perder la cabeza

Tantas veces oí eso de Isabel I de Inglaterra, la reina virgen, que durante  tiempo me lo creí. Hasta que un día, de casualidad, vi la película La vida privada de Elizabeth y Essex, un fallido título de Michael Curtiz -con Bette Davis y Errol Flynn- y mis ojos se abrieron a la realidad. Si todas las virginidades son como la de Isabel Tudor, pensé, yo también quiero ser virgen. Luego vi la película y la serie protagonizadas por Glenda Jackson –hay varios libros y hasta una ópera de Donizetti- y ya supe de su historia, de su firme decisión de permanecer soltera, de sus “favoritos”, entre los que destacaban Robert Dudley, primer conde de Leicester, y Robert Devereux, hijastro de éste y más conocido como II conde de Essex.

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Las cuentas no me salen para saber con exactitud cuándo se conocieron, pero averiguar cuánto se llevaban, en cambio, es fácil (ella nació en 1533 y él en 1566; hago una sencilla resta y me da que se llevaban 33 años. Entonces ¿por qué veo en tantos sitios que se llevaban 40 y hasta 50 años?). La cosa es tan misteriosa como las leyendas que giran en torno a la razón última de su opción por el celibato, pero prefiero centrarme en su historia de amor-odio; en la juventud por la que se sintió irremediablemente atraída la madura y todopoderosa reina, en el carácter arrogante e indomable de Devereux.

eliza

Ella, mujer enamorada, colmaba al veinteañero de gracias y honores, pero él tenía la peligrosa costumbre de ir por libre. No solo se casó con Frances Walsingham o tuvo sus propias amantes durante su relación con Isabel I, provocando en ella continuos ataques de celos, sino que a menudo lideraba empresas heroicas en nombre de la reina en las que solía pasar por alto las instrucciones de ésta. Robert era apuesto, pelirrojo, popular; tenía muchas cualidades como hombre –imposible saber si entre ellas estaba esa que tan famoso hiciera a Errol Flynn- pero no pareció destacar por su, cómo lo diría, alto cociente intelectual. De otro modo, no se entiende que fuera tan torpe en su trato público con la reina; que se atreviera a llevarle la contraria, cuando no a dirigirle durísimas palabras tanto en persona como a sus espaldas.

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Isabel tenía su lado sentimental, pero llevaba muchos años de firme reinado y además había pasado lo suyo, empezando por perder a los tres años a su madre, la decapitada Ana Bolena –por orden de su padre, Enrique VIII-. Así que cuando Robert Devereux encabezó un golpe de Estado y fracasó, la reina, sintiéndolo mucho, lo hizo decapitar. Eso sí: tuvo el detalle de limitarse a eso y no pedir que lo destriparan y castraran, que era lo que se hacía entonces con los traidores.

 

 

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Lola Ce
Lola Ce

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