Historias de algunas (y algunos) valientes

Hoy, el testimonio de Ana C.P.: “Yo he vivido esa experiencia y también la contraria”

Me llamo Ana y soy argentina, aunque he vivido en España muchos años. Yo quiero contar solo una cosa que he comprobado en mis propias carnes. Estuve casada 10 años con un hombre que era bastante mayor que yo, 15 años, aunque no los aparentaba. Cuando nos conocimos él tenía 46, estaba divorciado y tenía un hijo adolescente que no nos lo puso fácil. A mis 31 me vi bregando con una historia que ni me iba ni me venía, pero que acepté porque amaba a mi marido, estaba muy enamorada.

Si no hubiera sido por eso, todo lo demás estaba bien: con él conocí a gente maravillosa, era un hombre muy querido y respetado en su profesión, tenía un montón de amigos, formábamos un equipo, ya que nuestros mundos profesionales tenían mucho que ver… Y además aceptó tener otro hijo conmigo, lo cual nunca le agradeceré bastante, ya que para él era suficiente con ese hijo que tenía de una relación anterior. Fuimos muy felices, pero un día descubrí que me había sido infiel y la magia se rompió y, por más que intenté superarlo, no lo conseguí. Así que rompimos, como hacen tantas parejas. Y cuando ya llevaba dos años sola, a los 43, conocí a Ángel, que era justo lo contrario, 15 años más joven que yo. Poco a poco nos enamoramos, y he de decir que a mí no me pareció nada raro enamorarme de alguien más joven ni que él se enamorara de mí. ¿No era eso lo que me había pasado antes, pero a la inversa?

Viví con la misma naturalidad una cosa que la otra, hasta que empecé a presentarle a todo el mundo a Ángel y vi que casi todos los que yo creía que eran mis amigos empezaron a mirarme mal, incluso muchas amigas mías. Lo que al principio les hizo mucha gracia, luego, cuando empezamos a ir en serio, les pareció fatal, todavía no sé por qué. Medio en broma me llamaban asaltacunas, cougar, y se reían abiertamente de mí y de Ángel. Acabé alejándome de toda esa gente, claro, incluso he vuelto a mi país, aprovechando que España con la crisis no estaba muy bien. Hoy vivimos los dos felices con mi hijo, que él conoce desde pequeño y quiere casi como si fuera suyo. Acá nos aceptan mejor, quizá porque nos han conocido siempre juntos, pero todo lo que pasé en España me dejó un regusto amargo, me hizo ver que esta sociedad todavía es muy machista, y que el machismo puede tener muchas caras.

La fotografía que acompaña al texto es obra de Rafael Roa. Más info en www.rafaelroa.net

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Testimonios

8 Comemtarios

  1. Ya me j. leer eso. Y eso pasa en España y en todas partes. Ahora entiendo lo de Historias de algunas y algunos valientes que pone en la web

    • Es uno de los últimos prejuicios que quedan por ahí, este de no ver con los mismos ojos a una mujer que sale con un hombre más joven que a un hombre que hace lo propio, pero todo se andará.

      • Ay sí, todo se andará, espero! Yo me angustio y me siento mal cuando le gusto a chicos 15 años más jovenes, majos,buena gente, con intereses en común y luego pienso que cuando tenga 80 o 90 años pensaré que qué tonta soy ahora!

        • Yo sólo te digo que es verdad que no hay nada peor que arrepentirse de lo que no se ha vivido. Y que además es tan, tan difícil sentir amor del bueno, que ¿por qué dejarlo escapar? ¿Por qué quedarte sin saber cómo será? Y míralos a ellos, se casan con una 20 años más joven y no se cortan un pelo.

          • Carme

            Totalmente de acuerdo, Lola, y gracias por tu respuesta! Estoy en un momento de atreverme a salir a la calle y vivir de verdad, y no ser tan “buena chica” (en el mal sentido de la palabra). Por cierto, me encanta cómo escribes, tienes un estilo muy fresco!

          • Lola Ce Lola Ce

            Gracias a ti. ¿Sabes? Yo también fui muyyy buena chica 🙂

  2. Carme, totalmente identificada contigo! me entran chicos jovencísimos y yo me muero de apuro pensando que sólo quieren experimentar, en lugar de lanzarme a disfrutarlo. Me tengo que corregir.

  3. Sólo he tenido una relación con un hombre más joven, tres años, y lo pasé muy mal con la presión social. Después nunca se me ha vuelto a dar el caso. Prefiero un hombre de mi edad o algo mayor. Tengo pareja, poco mayor que yo, y lo prefiero así.

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