Historias de algunas (y algunos) valientes

Elvira Mínguez y Rubén Ochandiano en “Tapas”

El personaje de Elvira Mínguez en “Tapas” es Raquel, una mujer de unos 40 años, divorciada y con picores varios, que se ha enamorado por Internet y espera con ansia el día en que por fin podrá dar rienda suelta a su pasión en vivo y en directo. El chaval (inolvidable Rubén Ochandiano), es hijo de una mujer del barrio, clienta en la tienda de Raquel, que se cruzará en su camino mientras espera al otro, al que supuestamente, por edad y momento vital, “le corresponde”.

La historia es una de las muchas que cuenta Tapas, la primera película que dirigieron los humoristas José Corbacho y Juan Cruz (nada que ver con el exeditor) y quizá una de las mejores. Ganó el Premio del Público en el Festival de Málaga y tuvo cierto éxito, aunque, como siempre, no faltó quien dijera que no tenía nada nuevo (como si entonces, en 2005, fuera tan normal que una película española tuviera un personaje así -y de lo que ha venido después, mejor no hablamos).

Decía que Raquel, morena ella, y en esa edad de plenitud sexual femenina que son los 40 –Shere Hite dixit- tiene una cita todas esas noches de verano a través del ordenador. Pero a la mujer, ay, esas citas no le bastan, así que cuando el hijo de la clienta viene a su casa a arreglarle el vídeo (y, sobre todo, cuando para ello tiene que tirarse al suelo) saltan más que chispas. El final de la historia es menos transgresor que su arranque, pero eso no le quita mérito. Elvira Mínguez, su intérprete, que se llevó el Goya a la Mejor actriz de reparto y la sana envidia de todas sus colegas de profesión -personajes así no se escriben todos los días-. lo recordaba recientemente en una entrevista que le realizó Rafa Ruiz en El Asombrario y yo hoy traigo aquí, porque suscribo lo que dice punto por punto:

“Esa mujer en los 40, que debería empezar a cumplir esas expectativas reservadas a las mujeres de cierta edad, que en teoría ya no deben estar en el mercado, esa expresión tan terrorífica, condenadas a la depresión, la soledad… Ni yo ni las mujeres de mi edad que están a mi alrededor nos sentimos así. Y esa reivindicación de cumplir años sin tener que cumplir una serie de expectativas machistas se ha convertido en mi principal batalla; reivindicar la mujer madura, quiero reivindicar mis canas, mis arrugas, pedir que no me pongan PhotoShop en los retratos. Tenemos una sociedad de principios y fundamentos machistas; desde el Hombre de Cro-Magnon. La mujer ha de cumplir una serie de funciones; sí, funciones; y parece ser que dentro de esas funciones tenemos unos determinados ciclos a los que debemos ajustarnos. Y mi gran caballo de batalla de los últimos años es luchar contra eso”.

Lola Ce
Lola Ce

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