Historias de algunas (y algunos) valientes

Diana de Poitiers, el auténtico amor de Enrique II de Francia

Si alguien cree que los tríos, en el amor y en el sexo, son algo moderno, es porque no conoce la historia de Diana de Poitiers, la favorita del Rey Enrique II de Francia y eterna rival de su santa esposa, Catalina de Médicis. Nacida en 1499 en el seno de una aristocrática familia venida a menos, Diana se casó a los 15 años con el rico Louis de Brézé, que tenía casi 40 años más que ella y sería el padre de sus dos hijas. Parece que lo amó y le fue fiel, pero un día enviudó y fue nombrada dama de honor en la corte del rey Francisco I de Francia.

De belleza tan legendaria como su honestidad, Diana había elegido ser para siempre una respetable viuda, pero no contaba con el amor que inspiraría en el pequeño Enrique, hijo del rey, a la sazón un niño de 11 años (19 menos que ella). Con el tiempo se convertirían en amantes con el beneplácito de todo el mundo, especialmente cuando él fue coronado rey bajo el nombre de Henry II. Tenía 28 años y estaba casado desde los 14 con Catalina de Médicis, de su misma edad, pero en aquella época los matrimonios, ya se sabe, eran asuntos de estado. Nada que ver con el amor. Por eso él nunca ocultó que a quien quería de verdad era a Diana y por eso le dio todo tipo favores y privilegios, incluido el de tener influencia política, algo que siempre le negaría a “la otra”, a Catalina, que aquí las tornas están invertidas.

catalina de medicis

Si ésta fingió siempre aceptar el estado de las cosas, Diana no tuvo el menor reparo en alentar que su amado se acostara con la esposa y engendrara herederos, que la obligación era la obligación (diez llegó a tener). La reina Catalina, culta y astuta, pasaría a la historia como gran mecenas, mientras que Diana sería para siempre la más bella, la de la impecable cabellera, la de la piel perfecta y los estilismos sorprendentes (ahora se la rifarían los diseñadores). Ya entonces corría la leyenda, luego confirmada, de que debía su lozanía a las pequeñas dosis de oro líquido que ingería a diario. Pero había algo más: ella descubrió muy joven los secretos de bañarse en agua helada (lo hacía todos los días), el ejercicio físico (practicaba equitación) y la alimentación frugal, así que sus secretos de belleza no eran mágicos, por más que en la época lo parecieran.

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Los tres estuvieron en aparente armonía durante 27 largos años, hasta que, en un torneo amistoso, Enrique resultó gravemente herido y falleció a los 41 años, tras 10 días de agonía. Entonces Catalina se vengó de las humillaciones sufridas: no permitió que los amantes se despidieran y aprovechando la subida al trono de su hijo, Francisco II, le quitó a Diana el castillo de Chenonceau, que había sido regalo del rey, además de hacerle devolver a la corona todas las joyas. La cortesana moriría muy poco después, todavía lozana a sus 66 años. Recientemente, y tras analizar sus restos con técnicas modernas, un equipo de científicos comprobaría que falleció por una intoxicación gradual: la que le provocó el oro líquido que tomó desde su juventud en pequeñas dosis.

http://www.cecilgoitia.com.ar/diana_de_poitiers.htm – Portada

http://www.gogmsite.net/the_middle_1500s_-_1550_to_/minialbum_diane_de_poitiers – Interior

http://it.wikipedia.org/wiki/Diana_di_Poitiers – Interior

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Lola Ce
Lola Ce

4 Comemtarios

  1. belén guiomar Responder a belén

    Me ha fascinado esta historia, no la conocía. Y otro claro ejemplo de que los tríos en los que participan dos mujeres sólo pueden ser un divertimento ocasional, sobre todo si esta relación a tres se le impone a una de ellas o a las dos. La venganza está servida a la mínima ocasión. Y no puedo decir que no lo entienda, aunque el auténtico culpable de esa situación es él.
    También me ha resultado curioso como la vida le regaló a esta mujer un “novio” joven, tras haberse visto obligada a casarse con un hombre cuarenta años mayor. Justicia divina.

  2. Muy interesante la historia de esa mítica Diana francesa que se adelanto en varios siglos a la técnica de los hilos de oro que hoy usan algunos médicos de estética, claro que ella lo ingería para mantenerse lozana.

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