Historias de algunas (y algunos) valientes

Cuando Carrie se ligaba a un veinteañero en “Sexo en Nueva York”

Los ligues de Samantha en Sexo en Nueva York darían para muchos post, pero yo hoy quiero hablar de Carrie, ese personaje más convencional de lo que podría parecer a primera vista. Toda la serie tiene un tufillo conservador, o convencional, bajo su apariencia transgresora. En ella las mujeres hablan de sexo como nunca antes lo habían hecho en la televisión, sí, pero también para varias de ellas el amor y, sobre todo, el matrimonio, siguen siendo casi su principal meta en la vida, y no se me ocurre nada más convencional en una serie de chicas (Friends también caía en eso, para vergüenza de sus guionistas, pero en mucha menor medida. Cada vez que veía, en medio de diálogos tan buenos, a Monica y Rachel decir tonterías del tipo: “Hoy nos vamos a probar vestidos de novia, ¡Yuppy!”, me ponía literalmente mala).

A lo que iba: al principio, cuando Sexo en Nueva York era más fresca y a Carrie todavía no le habían entrado las prisas por si se le pasaba o no el arroz, salía una noche de fiesta y se ligaba a un veinteañero que estaba buenísimo y era encantador. Vamos, que lo tenía todo. ¿Para qué complicarse la vida con treintañeros rayados, pensaba la columnista mientras estaba en los brazos de Adonis, teniendo la posibilidad de pasar noches memorables con hombres perfectos? Pero hete aquí que por la mañana nuestra heroína abría los ojos y le costaba ver a su macizo entre la montaña de basura (literal) que campaba a sus anchas en su piso compartido con otros veinteañeros. Después se iba a hacer un pis mañanero y al ir a coger papel, ¡sorpresa!, el rollo se había acabado. Pero lo mejor era cuando informaba a su recién inaugurado Romeo y él, después de decirle que no había scottex en toda la casa, le pedía el viejo rollo para utilizarlo ¡de filtro en la cafetera!

Y, claro, el capítulo se acababa y en el siguiente Carrie volvía a estar sola y libre –a ver, de eso se trataba, de contar historias diferentes en cada entrega. Pero si no fuera por eso, podría apostar cualquier cosa a que hoy Carrie podría seguir feliz al lado de ese pedazo de hombre, con el que muy probablemente haría la compra y la limpieza para evitar postreras sorpresas y después disfrutaría, que es de lo que se trata. Porque, que yo sepa, y mientras ningún matemático me demuestre lo contrario, por cada macizo de 20 años que la adora a una hay miles de rollos de papel higiénico en los supermercados.

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Lola Ce
Lola Ce

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