Historias de algunas (y algunos) valientes

Brigitte Bardot y Christian Kalt, pasiones y desgracias

La primera vez que supe de la historia entre Brigitte Bardot y Christian Kalt fue cuando me crucé con esta foto. No sabía nada de Kalt, un instructor de esquí que ocasionalmente ejercía de barman y que ocupó el corazón de B. B. durante un año, en 1971. Después vi más fotos de la pareja: Brigitte (36) y Christian (29) eran sencillamente fabulosos (físicamente hablando) y él no tenía mucho que ver con anteriores hombres de la actriz, ni en ese terreno ni en el profesional, aunque hay que decir que en el currículum amoroso de la estrella hubo de todo. Para empezar, Kalt tenía siete años menos que ella, aunque no es el novio más joven que tuvo (antes, por ejemplo, había salido dos años con Patrick Guilles, 11 años menor que ella) y no la conoció en el set, sino en las montañas de Gstaad, Suiza, donde él enseñaba a esquiar.

Parece que la actriz lo vio y, como hizo en su día Helen Mirren cuando se cruzó con Liam Neeson, dijo: “Este pa’ mí”. Y él no puso pegas, claro. En la primera mitad de los setenta, la actriz de Y Dios creó a la mujer era todo un sex symbol; los hombres se pegaban por tener algo con Brigitte y ella… pues, lo llevaba como podía, aunque es bien sabido que era lo más parecido a un Don Juan en versión femenina. Con Christian Kalt, a quien llamaba mon petit mari” (mi maridito), llegó a pensar en casarse. De hecho, su madre ya lo conocía a él y a toda su familia. Se paseaban juntos por Saint Tropez, él la visitaba en el rodaje de Las petroleras… (por cierto, el set estaba en el madrileño pueblo de Soto del Real).

Pero algo pasó. La temperamental francesa, que se lo había traído a su casa de París, discutió con él y terminó la relación. Quizá fueran las infidelidades, que tantas veces interfirieron en sus relaciones, o que no había olvidado del todo a su anterior marido, el millonario Gunther Sachs, de quien dijo una vez que era el más “encantador, amable y espléndido caballero” que había conocido. Sea como fuere, él se instaló en Grenoble, donde retomó su vida de monitor de esquí, y quedaron tan amigos, no sin antes lanzar la lapidaria frase: “Brigitte puede hacer la felicidad de cualquier hombre, pero también su desgracia”. En cuanto a la envidiada actriz, que de joven siempre se había relacionado con hombres mayores, pronto puso los ojos en otro hombre joven: Laurent Vergez, un estudiante de medicina de 24 años.

Créditos: Pinterest 

 

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Lola Ce
Lola Ce

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