Historias de algunas (y algunos) valientes

Berenice y el emperador Tito: un sacrificio

Berenice fue una princesa que nació hacia el año 28 de nuestra era en Judea, entonces provincia romana. Pertenecía a la dinastía de Herodes y era una mujer fuerte y voluptuosa. Se casó tres veces –las dos primeras enviudó y la tercera abandonó pronto a su marido, el rey de Cilicia- y, según dice Ángela Vallvey, “era la mujer de mala fama por excelencia”. No sé cuánto habrá de verdad en lo que dejaron escrito de ella los historiadores romanos, pero se despacharon a gusto: que si había tenido una vida amorosa muy agitada, que si lo que había entre ella y su hermano Agripa II era una relación incestuosa…  Nada de esto importó a Tito Flavio Vespasiano cuando la conoció. Berenice, de 39 años, y Tito, de 28, cayeron presos de una fuerte atracción.

Todo empezó en el año 64, cuando en Judea se desató una rebelión por la discriminación que sufrían los judíos. Hasta allí mandó Nerón a Vespasiano, padre de Tito, y hasta allí iría él mismo más tarde. Fuertemente enamorados, Berenice y Tito vivieron juntos en Judea, pero él hubo de volver a Roma junto a su padre, ya emperador, y pasaron cuatro largos años sin verse.  Ni corta ni perezosa, hasta allí se fue Berenice con su hermano y se instaló en la corte, donde ejerció de esposa de Tito, es decir, del heredero, pero sin serlo legalmente. Una esposa que no hacía precisamente de florero; al parecer, su influencia en los asuntos de Estado fue mucha, pero había un problema: el pueblo no la quería. Tito confiaba en que, con el tiempo, dicha animadversión se aplacara, pero no fue así: era oriental, podía acabar desestabilizando el civilizado imperio romano, arrastraba mala reputación. ¿Quién puede luchar contra eso? Cuando Tito fue proclamado emperador, la cosa se complicó aún más y éste pidió a su amada que regresara a su casa (razón por la cual ella ha quedado para los restos como la que más se entregó de los dos). Quizá pensó que solo sería por un tiempo, que cuando estuviera más asentado en el poder, podría imponer mejor su voluntad… Pero apenas dos años después murió repentinamente. En cuanto a ella, nada se sabe de su final.

 

La historia de Berenice y Tito ha inspirado numerosas obras de teatro, ballets, cuadros, óperas… Una de las más famosas es la Bérénice de Racine, que da una versión de los hechos un tanto más noble: los dos amantes renuncian a lo que más quieren en aras de un deber mayor. Esa es la que ha quedado por encima de todas.

Créditos: Queaprendemoshoy.com, portada; RomeandArt y Le livre de Poche

 

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Lola Ce
Lola Ce

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