Historias de algunas (y algunos) valientes

Alfonso XII y Elena Sanz, un amor secreto

Quizá algunos sepáis de la triste historia de amor entre Alfonso XII y su prima Mercedes por una vieja película llamada ¿Dónde vas, Alfonso XII? Yo fui de las que creyó, por mucho tiempo, que el rey estaba tan enamorado de su joven esposa que, cuando ésta murió, quedó desolado para los restos (o casi). Pues bien: triste quedó, pero la cosa no le duró tanto como parecería por la continuación de dicha película. De hecho, vivió un gran amor con Elena Sanz, una cantante de ópera.

Todo empezó cuando Alfonso era muy joven. Su madre, Isabel II, no quería que se enamoriscara de Mercedes porque estaba enfrentada con los padres de ésta. Con ánimo de separarlos, lo mandó interno a un colegio de Viena y como estaba muy solo pidió a Elena Sanz, contralto a la que conocía y admiraba, que fuera a visitar a su hijo, que a la sazón tenía 15 años. Elena era una bella y exitosa mujer que no tardó en complacer a Isabel y, sin quererlo, causar una honda impresión en el heredero. Este quedó maravillado por la gracia y los rasgos de Elena, una mujer hecha y derecha de 28 años, pero ahí quedó la cosa.

El tiempo pasó. Alfonso siguió creciendo y Elena se fue de gira por Sudamérica, de la que volvió con un hijo de padre desconocido. Fue entonces cuando ambos volvieron a coincidir, Alfonso ya con 25 años y viudo de Merceditas; Elena con 38. La pasión fue de las de pasar a los anales, con dos hijos en común y un grave error por parte de Elena: renunciar a su importante carrera musical para ser la mujer en la sombra del rey. El problema mayor fue que Alfonso XII, que necesitaba un heredero legítimo, se casó con la fría y estricta María Cristina de Austria, y ésta se las arregló para que Elena y su prole marcharan a Francia, donde les llegaba habitualmente una pensión del monarca.

Alfonso XII y Elena Sanz vivieron un amor intenso; se conservan cartas que él le envió a ella que no dejan lugar a dudas, pero no fue el único que vivió el rey. La relación, sin embargo, no terminó por eso, sino por la abrupta aparición de la tragedia. Alfonso murió a los 28 años, víctima de la tuberculosis, y a la reina Cristina le faltó tiempo para interrumpir los envíos a París y dejar a Elena y a sus hijos sin nada. Así las cosas, a ésta no le quedó más remedio que sacar a relucir toda la documentación que obraba en su poder sobre la relación e intercambiarla a cambio de un depósito que en el futuro solucionaría la vida de sus hijos. Pero la reina y el banquero de la familia real la engañaron, y al llegar aquellos a la mayoría de edad el dinero había desaparecido.

Créditos: libertaddigital y elmundo.

 

 

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Lola Ce
Lola Ce

Un Comentario

  1. Es una historia bien triste. Los Borbones haciendo de las suyas.

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